Querido 2016, No sé muy bien como empezar esta carta porque, sin lugar a dudas, te odio y te quiero a la vez, aunque parezca raro. Voy a explicarte exactamente todo lo que siento por tí, aunque deberé dejarlo en el pasado si quiero continuar hacia delante. Tú has sido el año de mi cambio. Mi cambio temporal, lógicamente. Nada es para siempre. Me diste fuerzas de donde no había, de donde ya no se podía sacar nada más. Me empujaste a lo que más quería y lo logré. Logré lo que me propuse. Y fue gracias a tí. Fue gracias al momento, a las circunstancias, y, obviamente, a todo lo malo que me ha pasado. Todos sufrimos de manera distinta, no te lo negaré. Hay gente en peor situación que yo, pero yo he vivido lo que nunca me hubiese imaginado que viviría. Es mejor que la muerte, sí, pero en un momento sentí que ya no quería vivir más, y ese momento, juro por Dios, que es lo peor que puedes sentir. Me acuerdo perfectamente de ese día, aunque en realidad fue una etapa, y justame...