Un día de esos

Hoy ha sido de esos días raros. No sé si me entendéis. No sé si habréis vivido alguna vez uno de estos días. Os cuento.

La pasada noche no dormí nada, bueno, por ser más exactos diré que dormí aproximadamente unas dos horas. No miento. Me pasé la noche dando vueltas en la cama, ninguna posición se me hacía la correcta. Definitivamente quería que esa noche desapareciese. Pero para entonces ya era por la mañana. No me ha costado levantarme, la verdad. Creo que tenía ganas de liberarme de esas sábanas y salir, salir a la libertad. Me bebí un café muy cargado, porque aunque quería levantarme, tenía un sueño horrible. Me he preparado, he salido de casa. Iba andando y os juro que en ese momento me he sentido feliz. Me sentía como nueva. Estaba ilusionada, contenta y viva. ¿Sabéis cuánto hace que no me siento viva del todo? Vale, en este caso estoy exagerando. Pero no os imagináis cuanto echo de menos cuando era yo.

He llegado a la biblioteca. El café me ha sentado mal y me he pasado toda la mañana con dolor de barriga. Ha sido perturbador. Pero no me enrollo con esto porque sinceramente no tiene nada de interesante, o al menos no para la clase de historia que quiero contaros hoy. Bueno, mejor dicho, no es que cuente lo que yo quiero contar sino que cuento todo eso que me ha hecho sentir.

Vamos a la idea.

Por la tarde (ya casi noche), he estado en mi cama, leyendo dos libros y mirando mi serie. Estaba haciendo tres cosas intercaladamente para ignorar lo que mi cabeza me estaba diciendo. Intentaba evadirme. Intentaba desaparecer. No ha sido posible. Y menos porque ha llegado mi padre. Me ha abrazado y entonces me he roto. No me he puesto a llorar, no. Ya os dije que ya no lloro, no me salen lágrimas aunque tenga unas ganas inmensas de explotar. Todo se queda dentro, sé que es un problema pero, ¿qué queréis que haga?

Le echo de menos. Nunca lo digo. Nunca lo pienso. Y casi nunca lo tengo presente. También os comenté que yo, todo lo que me hace sufrir, lo escondo. Y eso es lo que hago. Maldita vida. Maldita yo.

Mirad. Quiero esta vida. Os juro que quiero la vida que tengo. No la cambiaría por ninguna otra, aunque parezca raro. Pero lo que no quiero es a mí, actualmente hablando.

He dicho que echo de menos a mis padres ¿verdad? Pues más me echo de menos a mi. La vida me ha hecho ver (ahora pareceré la típica sabelotodo que se cree madura) que tienes que ponerte a ti mismo en el primer lugar de la lista de tu vida. No tiene que haber nadie por delante de ti. Debes cuidarte porque nadie más lo hará, o al menos no durante toda la vida. Las personas se van, quieras o no. Y tú, si, tú, algún día también te irás de la vida de ciertas personas, y esas, tendrán que joderse. Entonces, tu también debes joderte. O si no quieres joderte, debes empezar a hacerte responsable de tu propio ser. Que nadie encarrile tu vida porque dudo que se quede hasta el final.

Creo que me he ido un poco del tema. O no. Pero lo único que quiero conseguir con esto es calmarme. No quiero volver a pasar por lo mismo. He vivido lo que es tener depresión y no, no, me niego a sentir lo que sentí en ese tiempo. Así que solo me queda salir adelante. Es lógico que sola no puedo. Necesito ayuda. Entonces no sé si encontrareis contradictorio lo que he dicho ahora con lo de antes. Digo que en la vida necesitas a otras personas pero lo que no puede ser es que formen toda tu vida.


Lo que digo siempre. Pasad de entender lo que estoy diciendo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Y de golpe llega (parte 3)

Y de golpe llega (parte 1)

Tremebundo