Trepanación

Me levanto. Me preparo. Me tomo la pastilla. Me bebo el café con leche. Me como un plátano. Salgo de casa. Cojo el bus. Llego a clase. Salgo de clase. Cojo dos autobuses. Llego a casa. Duermo. Hago algo. Me ducho. Me estiro. Duermo.

Esta ha sido mi rutina los últimos días.

A excepción de algunas salidas, claro.

Siento que me estoy muriendo sin saber porqué.

Uno de estos días, creo que fue concretamente antes de ayer, fui al baño a hacer mis necesidades. Me habían dicho de salir así que me estaba preparando. En el momento en que me senté en el wáter, me entró un dolor en los brazos. Como una energía negativa. No lo sé. Pero sentí que me quedaba poco.

Entonces pensé que me podrían agujerear el cráneo, como hacían antes, para sacarme los malos espíritus o los demonios que llevo dentro. No sé si funcionaría, pero creo que ya no puedo estar peor de la cabeza como estoy ahora.

No tengo ganas de levantarme. Pero estar en la cama me agobia y me deja sin respiración.

Intento buscar un poco de sentido a mi vida. Me he puesto a pensar que me gustaría tener un hijo pero, aunque sea el sueño de mi vida, sé que ahora solo lo quiero porque pienso que me podría curar mi dolor. Aunque en realidad, no sería así.

También pienso en irme lejos. Y sé que tampoco me iría bien.

Y luego pienso en solucionar mi vida y me doy cuenta que es la mejor opción, pero no me sale hacerlo.

Necesito una vitamina ultrapotente, de esas que no existen, para poder superar el bache tan grande que me he encontrado. Pero, como he dicho, no la puedo encontrar. Y dentro de mi ya no queda nada, a parte de tristeza que eso no ayuda en nada.

El miércoles voy al médico a pedir hora para una analítica.

Si todo sale negativo, no sé qué haré. Luego ya todo dependerá de mí.

Tendré que recurrir a la trepanación, definitivamente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Y de golpe llega (parte 3)

Y de golpe llega (parte 1)

Tremebundo