Tremebundo
Hoy he hecho algo horrible. Tan horrible que no debo publicarlo por aquí, como si nada. Porque quieras o no, lo es todo.
He hecho algo por lo cual no debería sentirme orgullosa pero sin embargo, me siento mejor. O no. Simplemente no me siento peor por haberlo hecho. Pero es algo tremebundo. Algo espantoso.
No estareis entendiendo nada.
Iba por la carretera, conduciendo, algo que por cierto adoro. He pasado una tarde entre arena y sol, con esa brisa que te remueve el pelo y luego te lo deja hecho un asco. Pues eso. He vuelto a conducir, de vuelta. Todo iba terminando, podría haber llegado sin pecar. Pero he pecado. Y el pecado no se puede solucionar. O al menos eso creo yo. Y he intentado solucionarlo, a mi manera. Aún sabiendo que no se podía, lo he hecho. Y en vez de hacer desaparecer el pecado, lo he multiplicado. Pero eso exteriormente, porque muy en el fondo, yo había dejado atrás el segundo pecado. Solo me refería al primero, y aún así lo estaba eliminando. Aunque esto en el mundo real no funciona de esta forma.
No hay solución a este pecado por mucho que yo haya encontrado una. Porque no es la correcta. No es la adecuada. Me puede matar. No a corto plazo, pero si a la larga. Me puede quitar la vida.
No digo que adore la vida, aunque muchas veces me siento absolutamente feliz. Pero aunque no la adore a todas horas, no quiero quitármela. Aún así, pensándolo bien, prefiero arrebatármela yo que no otro cualquiera.
Al caso. He creado un mini caos dentro de un caos enorme para poder matar al más grande. Y no debo hacerlo.
He buscado más sinónimos de horrible y he encontrado: tremendo, terrible, aterrador, trágico, espeluznante, terrorífico, truculento...No sé si lo que he hecho se podría definir con todos estos adjetivos, pero todos los podría colocar en algún momento de mi vida.
Quiero aclarar algo, son las 3:41 de la madrugada.
Acabo de llegar a mi piso tan acogedor y a la vez tan frío. Porque me espera una cama enorme y completamente vacía. Un edredón (aunque ya estamos a junio y el frío ha desaparecido) para taparme y sentirme protegida. Unas sábanas que no deshago para no tener que volverlas a poner bien. Un libro en la mesita que dubitativamente abro alguna noche porque últimamente tengo la mente más pa allá que pa acá. Un espejo delante de mí, en el cual cada mañana me miro, empiezo a bailar al ritmo de la música y me doy un beso, ahí, en mi reflejo, para darme fuerzas y quererme un poco, al menos, un poco. Y me vuelvo a estirar. Toda la noche estoy sintiendo los lamidos. Ahí, en el suelo. Lamiendo las patas o vete tu a saber el qué. A veces lo he pillado babeando debajo de la cama, no sé como puede hacer esas cosas. Pero igual que él hace cosas, yo las hago.
Pero voy a cambiar de tema por completo.
Voy a dejar lo que estaba contando.
Esto que viene ahora no tiene nada que ver.
Hoy ha sido un día de esos extraños pero los cuales recordarás o quieres recordar para contarles a tus hijos: Eh, ese 5 de junio fuiste a un sitio con tales personas e hiciste estas cosas. Pero es obvio que con estas palabras mejor no contarles nada porque como ya sabéis, por mucho que escriba, no acabo contando nada que sea entendible.
Prosigo. Porque aunque no sirva de mucho, a mi me ayuda.
No digo que sea dificil o doloroso. Aunque un poco putada es. Porque siempre queremos algo que no tenemos en la vida. Ya sea amor, ya sea cariño, ya sea una persona, ya sea algo.
Vuelvo a repetir. No necesito a nadie que me esté lamiendo el culo día a día. No quiero tener a alguien que me necesite o que dependa de mí. Aunque pensándolo bien, si que lo quiero. Adoraría tener a esa persona que sé que me va a querer cuando yo menos me quiera, que me va a mirar con ojos de perro y me va a convertir en una perra en celo. Que me va a acariciar con las yemas de los dedos, tan solo una milésima parte del cuerpo, y me va a llenar de escalofríos. Que me va tocar el pelo, así sin querer queriendo, y yo, yo ya no sé ni que podría sentir. Moriría. Moriría de amor, de ternura.
Pero seamos realistas. No va a pasar una puta mierda de lo que queráis. O lo que deseáis.
Va a pasar lo que tenga que pasar. Lo que ya está escrito. Que si, que tu puedes cambiar el camino, puedes ir por otras rutas, puedes hacer otras cosas pero al fin y al cabo, terminarás donde debías terminar. Y no siempre acabamos donde queremos. Pero qué queréis que os diga. No sé nada acerca de vivir, y menos de vivir viviendo.
No soy la más indicada para hablar de esto.
Mejor me voy a dormir.
Creo que la Heineken me ha afectado un poco, o más el caminar, o más yo. O más lo tremebundo que he hecho suceder.
Bah, no quiero hablar más. Estoy muerta. Y esta vez, solo muerta de cansancio.
He hecho algo por lo cual no debería sentirme orgullosa pero sin embargo, me siento mejor. O no. Simplemente no me siento peor por haberlo hecho. Pero es algo tremebundo. Algo espantoso.
No estareis entendiendo nada.
Iba por la carretera, conduciendo, algo que por cierto adoro. He pasado una tarde entre arena y sol, con esa brisa que te remueve el pelo y luego te lo deja hecho un asco. Pues eso. He vuelto a conducir, de vuelta. Todo iba terminando, podría haber llegado sin pecar. Pero he pecado. Y el pecado no se puede solucionar. O al menos eso creo yo. Y he intentado solucionarlo, a mi manera. Aún sabiendo que no se podía, lo he hecho. Y en vez de hacer desaparecer el pecado, lo he multiplicado. Pero eso exteriormente, porque muy en el fondo, yo había dejado atrás el segundo pecado. Solo me refería al primero, y aún así lo estaba eliminando. Aunque esto en el mundo real no funciona de esta forma.
No hay solución a este pecado por mucho que yo haya encontrado una. Porque no es la correcta. No es la adecuada. Me puede matar. No a corto plazo, pero si a la larga. Me puede quitar la vida.
No digo que adore la vida, aunque muchas veces me siento absolutamente feliz. Pero aunque no la adore a todas horas, no quiero quitármela. Aún así, pensándolo bien, prefiero arrebatármela yo que no otro cualquiera.
Al caso. He creado un mini caos dentro de un caos enorme para poder matar al más grande. Y no debo hacerlo.
He buscado más sinónimos de horrible y he encontrado: tremendo, terrible, aterrador, trágico, espeluznante, terrorífico, truculento...No sé si lo que he hecho se podría definir con todos estos adjetivos, pero todos los podría colocar en algún momento de mi vida.
Quiero aclarar algo, son las 3:41 de la madrugada.
Acabo de llegar a mi piso tan acogedor y a la vez tan frío. Porque me espera una cama enorme y completamente vacía. Un edredón (aunque ya estamos a junio y el frío ha desaparecido) para taparme y sentirme protegida. Unas sábanas que no deshago para no tener que volverlas a poner bien. Un libro en la mesita que dubitativamente abro alguna noche porque últimamente tengo la mente más pa allá que pa acá. Un espejo delante de mí, en el cual cada mañana me miro, empiezo a bailar al ritmo de la música y me doy un beso, ahí, en mi reflejo, para darme fuerzas y quererme un poco, al menos, un poco. Y me vuelvo a estirar. Toda la noche estoy sintiendo los lamidos. Ahí, en el suelo. Lamiendo las patas o vete tu a saber el qué. A veces lo he pillado babeando debajo de la cama, no sé como puede hacer esas cosas. Pero igual que él hace cosas, yo las hago.
Pero voy a cambiar de tema por completo.
Voy a dejar lo que estaba contando.
Esto que viene ahora no tiene nada que ver.
Hoy ha sido un día de esos extraños pero los cuales recordarás o quieres recordar para contarles a tus hijos: Eh, ese 5 de junio fuiste a un sitio con tales personas e hiciste estas cosas. Pero es obvio que con estas palabras mejor no contarles nada porque como ya sabéis, por mucho que escriba, no acabo contando nada que sea entendible.
Prosigo. Porque aunque no sirva de mucho, a mi me ayuda.
No digo que sea dificil o doloroso. Aunque un poco putada es. Porque siempre queremos algo que no tenemos en la vida. Ya sea amor, ya sea cariño, ya sea una persona, ya sea algo.
Vuelvo a repetir. No necesito a nadie que me esté lamiendo el culo día a día. No quiero tener a alguien que me necesite o que dependa de mí. Aunque pensándolo bien, si que lo quiero. Adoraría tener a esa persona que sé que me va a querer cuando yo menos me quiera, que me va a mirar con ojos de perro y me va a convertir en una perra en celo. Que me va a acariciar con las yemas de los dedos, tan solo una milésima parte del cuerpo, y me va a llenar de escalofríos. Que me va tocar el pelo, así sin querer queriendo, y yo, yo ya no sé ni que podría sentir. Moriría. Moriría de amor, de ternura.
Pero seamos realistas. No va a pasar una puta mierda de lo que queráis. O lo que deseáis.
Va a pasar lo que tenga que pasar. Lo que ya está escrito. Que si, que tu puedes cambiar el camino, puedes ir por otras rutas, puedes hacer otras cosas pero al fin y al cabo, terminarás donde debías terminar. Y no siempre acabamos donde queremos. Pero qué queréis que os diga. No sé nada acerca de vivir, y menos de vivir viviendo.
No soy la más indicada para hablar de esto.
Mejor me voy a dormir.
Creo que la Heineken me ha afectado un poco, o más el caminar, o más yo. O más lo tremebundo que he hecho suceder.
Bah, no quiero hablar más. Estoy muerta. Y esta vez, solo muerta de cansancio.
Comentarios
Publicar un comentario