Lo he intentado demasiadas veces

Querido tú,

He intentado demasiadas veces plasmar todo lo que pasa por mi cabeza a este sitio. Pero aún no he logrado hacerlo, o al menos no del todo.

Quiero decirte tantas cosas...

Éste será el tercer escrito que va por y para tí. Creo que soy un poco tonta, no sé. Mis actos demuestran eso.

Voy a empezar como pueda.

Y, añado, no sé porque me cuesta tanto escribirte esto cuando sé de seguro que nunca vas a leerlo.

Sigo.

Llevo varias noches soñando contigo. Al principio me pareció raro porque yo pensaba que ya no significabas tanto para mí, por toda la distancia que habíamos creado entre los dos. Pero pude comprobar que no era así. Que aún te recuerdo como antes. Como cuando fue todo.

No sé si alguna vez te lo he dicho pero siempre que sueño, sueño lo que no quiero que suceda. Lo que me da miedo que ocurra. En uno de los sueños, estábamos en tu casa por un cumple y, bueno, tu tenías pareja. No sé exactamente qué pasaba. No me veía a mi misma. Solo la situación. Tampoco sé como actuaba. No sé qué haría si te viera con otra chica. Puede que ya haya pasado pero es lo que dicen: "Ojos que no ven, corazón que no siente". Y así lo prefiero.

Otro de los sueños consistía en que volvíamos a ser amigos pero aún así estábamos mal. Que es lo que sucede ahora y, aunque ya esté ocurriendo, me da como miedo verlo reflejado en mi mente. Me ignorabas o cosas de éstas.

Más que sueños eran pesadillas.

Aunque no todo ha sido malo. Obviamente. También he tenido sueños en los que volvíamos a estar bien. No en el sentido amoroso, simplemente de buen rollo. Y, no sé, era una situación demasiado melancólica.

No puedo negarte que eche de menos tus abrazos. Tus caricias. O simplemente tu piel.

Me acuerdo de ese día en el autobús de camino a tu casa. Tú ibas con las maletas, yo contigo. Nos encontramos a un amigo. Yo me situaba delante de tí, de espaldas. Mientras hablabas con él, nos cogíamos de la mano. Ahí, entre la multitud. Entre todo lo que había en la vida. Y yo solo notaba tu mano. Me acuerdo perfectamente de lo que hablábamos en ese momento. De verdad. Pero en el fondo, no estaba prestando atención. No estaba escuchando propiamente vuestras voces. Solo estaba escuchando lo que le decía tu mano a la mía, con esa presión al cogerla. Porque en ese momento, tú me querías. Y yo te quería. Y yo iba a cuidar de tí, igual que tu de mí. Y nos íbamos a unir para ser uno de esos amores tan esperados. Pero no fue así. No llegó a ese punto.

Nunca voy a pedir a la vida nada sobre tí. Será porque ya le habré pedido demasiadas veces y sé que no funciona.

Te he buscado. Te he esperado. Te he querido. Y me parece extraño que, a pesar de todo lo que ha pasado, de la distancia, de los momentos incómodos, de ser como desconocidos...una parte de mí te siga queriendo tanto. Pero es que la puta parte que te quiere, lo hace demasiado. Y no puedo. No sé si quiero quererte. Supongo que no. O al menos no de esta manera.

¿Sabes qué pasa?

Cuando recuerdo lo que fuimos, me pongo feliz. Pero a la vez entro en decepción, porque sé que solo fueron instantes concretos. Instantes que no volverán a venir. Que se quedaran en un noviembre y un diciembre. Que se quedarán ahí para siempre. En un recuerdo que algún día uno de los dos olvidará de verdad. Y me da la impresión, o mejor dicho, sé, que quien lo va olvidar primero eres tú.

Y a veces se me pasa por la cabeza que si no hubiese ocurrido todo eso, ahora mismo no me dolería tanto el corazón. Pero luego pienso que lo más bonito que me has dado fue eso. Concreto. Los mejores afectos me los has dado tú. Y solo por eso, aunque fueran dos semanas, o aunque solo hubiesen sido dos días, mereció la pena vivirlo.

Recuerdo tu piel como si fuese ayer. Recuerdo tu ruido al respirar, recuerdo tus movimientos mientras duermes, tus besos, tus abrazos, tus formas de hablar, tu voz...

Creo que estoy empezando a ser un poco cursi con todo esto.

Necesitaba decirlo.

Por el día de tu cumpleaños pensé en escribirte una carta y dejártela en el buzón. Quería decirte más o menos todo esto pero sin una respuesta de espera. No se si me entiendes.

Todo este escrito sé que lo hago en vano. Ninguna palabra, ningún hecho, va a cambiar la situación. Nada va a cambiar los sentimientos de las personas. O al menos, no en este caso. Considero que es un caso finalizado. Un caso que ahora mismo solo se encuentra en mí. Un amor o una amistad es de dos. No de uno. Si me encuentro yo sola, ya no se puede hacer nada.

Sé que hiciste un pequeño esfuerzo en arreglar las cosas. Y digo "pequeño" porque como se puede ver, no ha servido. No ha funcionado. Y en el fondo me da mucha lástima. Yo también lo he intentado. Pero no me sale.

Creo que necesito tomarme un tiempo para mí. Desaparecer de tu vida y tú de la mía. Aunque tendrías que suponer que seguirás estando en mi mente cada día. Por todo lo que pasó, por ser quien eres. Y por eso, simplemente.

No quiero llegar al punto de ya no saber quien eres. Te lo juro. Quiero que tengamos una buena amistad. Quiero tenerte en mi vida. Me importas.

No necesito besarte o ir más allá. No necesito amor de relación. No busco nada de eso porque sé que podría ser peor.

Solo busco ser esa clase de amigos que se dan abrazos a cada momento, que se tocan en broma, que se dan besos en la frente y se dicen cosas bonitas cuando se ponen cursis.

Voy a volver al mundo real. Ya es tarde y debería ir a descansar.

Siempre rezaré a las diosas que te protejan y te cuiden. Que todo lo que hagas sea hacia adelante y que nunca dejes de vivir, de vivir bien.

Serás siempre una persona demasiado importante para mí. Siempre. Porque estás documentado en mis libretas de la vida, porque serás uno de los amores que contaré a mis progenitores. Porque hablaré de tí.

Vas a perdurar hasta que todos mis recuerdos se esfumen.

Cuando ya no quede nada de mí.

Cuando ya me haya ido de aquí.

Te quiere,

Laura

Comentarios

Entradas populares de este blog

Y de golpe llega (parte 3)

Y de golpe llega (parte 1)

Tremebundo