Una de las noches en que me cambió la vida

Vengo a escribir lo que un día no pude por el gran efecto que tuvo esa noche en mí. O mejor dicho, todo lo que pasó después de esa noche. Todo el dolor que sufrí dentro de mí que, por suerte, me brindó otra vida.

Vale va, vamos a ello. Llevaba unos meses obsesionada con el tema chicas, descubriendo a pasos agigantados que quería tener una relación lésbica. Me empezaba a imaginar en mi mente un futuro con una mujer y me apasionaba esa idea. Iba por la calle y solo me fijaba en ellas. Eso hizo que por mi cumple quisiera ir a Arena, discoteca homosexual de Barcelona. Así que si, fuimos.

Llegó el día. Primero en su casa, maquillándonos, vistiéndonos...y luego yendo al tren. Quedando con las otras dos personas en un vagón exacto, hablando de la vida y expectantes por la noche. Con la bolsa llena de alcohol y otras cosas.

Cena en el BK.

Bar, copas, mear por la calle, llegar a Arena.

Todo iba demasiado bien, bailar, beber, fumar...hasta que tocaba irse de ahí. Tocaba coger el tren y volver a nuestra ciudad. Pero por mala suerte para el tren faltaban como unas dos horas, más la hora y media de trayecto. En definitiva, estábamos medio muertos y aún teníamos que esperar demasiado. Pero estábamos bien, guay, y eso era lo que molaba. Nos seguíamos riendo y seguíamos felices. Aunque deseando todo el rato volver a la cama.

Por cierto, no lo he dicho pero esa noche no tuve suerte. Mi sueño lésbico se había quedado en eso, simplemente un sueño. Pero mi ilusión seguía ahí.

Por fin llego a mi ciudad. Por fin puedo ir a casa, andando, de día, deseando adentrarme debajo de las sábanas y dormir horas y horas. Pero joder, no me esperaba todo lo que me deparaba el llegar a casa. Me pongo el pijama y me siento muy mareada. Mi cabeza da vueltas y me encuentro, de golpe, demasiado mal. Voy al baño y tengo ganas de vomitar. Vomito. Me miro en el espejo y veo una cara demacrada y unas pupilas dilatadísimas. Me asusto. Y me empiezo a provocar el vómito, de manera excesiva. Estoy temblando. Tengo frío. No paraba de pensar en que me habían puesto algo en la bebida, que me habían drogado y que iba a morir.

Literalmente, pensaba que me iba a morir.

Fui a la habitación, seguía temblando y mareada. Pero peor que antes, ahora tenía un dolor de barriga alucinante. No podía más con mi vida. Tenía demasiada ansiedad, estaba teniendo un ataque de pánico (en ese momento no lo sabía, lo descubrí luego por internet, jiji).

Total, me acuerdo que mi abuela estaba preocupadísima por mi, quería que fuéramos a urgencias pero yo no me veía con fuerzas de ir hasta ahí. Además, pensaba que me iban a tomar por loca y tenía miedo. Yo solo quería dormir pero no podía. Pensaba que si me dormía no me despertaría. Tenía unos nervios exagerados.

Llamé a mi madre y me calmé un poco. Pero poquísimo. Seguía sin poder dormir y temblando.

Mi padre vino y me dijo que estaba exagerando, que eso no era para ir a urgencias.

Pasaban las horas y me dolía todo. No podía beber ni comer nada porque vomitaba. Iba bebiendo sorbitos de agua poco a poco e incluso eso me sentaba mal.

Llegó la tarde y acabé durmiendo un rato, aunque fueran 30 minutos. Pero al menos dormí algo.

Pasé como 3 días de puro sufrimiento. Bebiendo sorbitos de agua y luego, por fin, pude comerme un trozo de plátano. 

Aunque el dolor de barriga y la ansiedad habían disminuído, seguía con un mareo de la hostia. Solo me encontraba bien estirada en la cama. Me levantaba y todo me daba vueltas. Hasta que por fin decidí ir a urgencias porque me parecía extraño seguir así tantos días. Ahí me dijeron que básicamente era ansiedad y me recetaron Alprazolam. Y fue tomármelo y el mareo desapareció. Realmente todo desapareció. Estaba en una nube. Y nada me preocupaba. 

Amor al Alprazolam. 

O al menos en ese momento me enamoré. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Y de golpe llega (parte 3)

Y de golpe llega (parte 1)

Tremebundo