La verdad, no lo sé
No sé ni por donde empezar a escribir.
¿Qué deciros?
Hay tanto que quiero sacar de mi mente...
Hará un par de días me dispuse a encender las únicas dos velas que tengo en casa, las puse en el baño, ahí al lado de la bañera. Puse de fondo la canción Same Love (la única que puede relajarme del todo) y me estiré, ahí, con el agua. Exfoliándome las piernas. Duré poco, la verdad, me ponía nerviosa el hecho de intentar relajarme (sé que puede sonar raro) así que salí, me vestí y simplemente seguí con mi sufrimiento.
Estos días he notado que he llegado al límite. Sé que no es bueno querer morir. Y, siempre lo digo, nunca me quitaría la vida porque tengo esperanza, pero, muchas veces, te preguntas porqué sigues viviendo si tampoco estás haciendo nada.
Busqué por internet información sobre la depresión, los tipos que hay, síntomas, tratamientos...Y ahí ponían que una de las soluciones es buscar cosas qué hacer, hobbies, deporte...Pero es que la gente no entiende que es muy fácil decirlo pero si no tienes ánimos ni para levantarte de la cama, ¿Cómo vas a tener ánimos para ir a correr o a hacer ejercicio?
El mundo te pesa. Te pesa todo. Te pesa hasta el alma, más de lo que se estima que pese. Y entonces piensas que es mejor estar estirada. Pero tiempo después lloras por no haber hecho nada de provecho. Y todo es un bucle. Y no puedes salir de él. Estoy encerrada. Encerrada en mí misma, y, aseguro, que es la peor prisión donde podría estar.
Y me dispuse a ir a esa persona que, quieras o no, puede hacerme la cura un poco más fácil. Y sí, me las he vuelto a tomar. Hacía tiempo que me tomaba las pastillas día si día no, distintas cantidad...Y, lo sé, era una locura. No tenía ni ánimos para tomarme las pastillas en la misma proporción y todos los días. Lo sé, soy lo peor. Pero ahora me lo estoy tomando en serio, o al menos solo lo de estar drogándome. Lo otro ya se verá. Espero que se me cambie la mente. No quiero tener estos pensamientos. No quiero seguir siendo así.
Me duele el estómago.
No sé de qué puede ser.
Tengo la vela de vainilla encendida delante de mí.
No me relaja nada ya.
Es como si mi mente nunca descansara.
No quiero sufrir más. Pero tengo miedo. ¿Y si nunca puedo llegar a ser feliz como antes? ¿Y si nunca más vuelvo a estar bien?
Todo esto me perturba.
Adiós.
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