Algo del 2019
La verdad es que no me apetecía ir porque sabía que iba a estar él. Ahí con su risa inconfundible y su gran despreocupación hacia mi ser. Así que pasaba de revivir eso.
Pero rato después acepté ir. Sí. De golpe. Porque creo que en el fondo quería escucharlo y darme cuenta de la gran indiferencia por su parte.
Así que entré en una casa gigantesca donde todos esperaban en un gran comedor. Estaba lleno de mesas redondas con gente alardeando sin parar. Me senté al lado de mi querida compañera y le recordé que lo que quería era que todo acabara rápido. Aunque al final no sucedió tal y como había deseado.
Pasaron minutos (que parecían horas) y me dirigí al baño. Más por excusa que por necesidad. De camino pasé por un pasillo extremadamente largo y, después de un largo rato, llegué como a otra sala inmensa. Ahí estaban los lavabos pero, era algo bastante inusual. Primeramente había personas trabajando en el "baño". Se ocupaban de recibir a los clientes (que querían utilizar el váter), los acompañaban hacia ahí y les vigilaban la "puerta". Porque lo que separaba cada retrete no era una pared, sino cortinas. Cortinas bastante traslúcidas provocadoras de gran incomodidad. Quería dar la vuelta e irme pero ahí lo vi. Estaba detrás del mostrador e iba con uniforme. Uno de color azul marino con una corbata roja. Se le veía muy feliz (era de extrañar porque estaba trabajando en una supuesta fiesta), pero luego me percaté que estaba hablando con una chica.
No me fui porque de repente me vio y lo más normal fue dirigirme al baño (para no parecer una enamorada y eso). Nos saludamos aunque no me atendió él. Cerré rápidamente la cortina, me senté en el inodoro y pensé en todo. Primero pensé en lo rápido que me estaba yendo el corazón, lo segundo fue que de qué mierda estaba hablando con esa tía y lo tercero, que hubiera sido mejor no adentrarme en esa casa. Al poco rato uno de los trabajadores me preguntó que si salía ya, se ve que había bastantes clientes y los lavabos se estaban saturando. Salí rápidamente, sin ni siquiera decirle nada y pasé por los mostradores. Seguía estando él ahí, pero ya no estaba la chica.
Di un suspiro de alivio. Aunque en ese momento no sabía si iba a significar algo bueno.
Cuando pasé por delante de él me paró con la mano para entablar una conversación. Me preguntó que como estaba yendo la noche y que él se estaba aburriendo bastante. De golpe me dijo que podíamos ir a una habitación relativamente cerca, que se podía tomar un descanso del trabajo. Yo, obviamente, le dije que si. Porque el único motivo de estar ahí, era él. Y únicamente él.
Fuimos andando juntos, sonriendo y felices. Y cuando entramos en la habitación estaba todo oscuro. Había colchonetas como de gimnasia tiradas por el suelo, a parte que parecía más un cuarto de la limpieza pero a lo grande.
No me seguí fijando mucho en el sitio donde nos encontrábamos porque realmente solo podía acabar fijándome en él. Así que eso es lo que hice.
Pero. No. No continuó ahí.
Realmente la historia cambió. Todo.
¿Por qué?
No quería encontrarme en otro sitio. Por fin había aceptado ir, y cuando ya podía tenerlo, todo se había desvanecido.
Las luces seguían apagadas así que empecé a andar a tientas, palpando las paredes en busca de alguna salida.
Pero ya no estaba ahí. Era otro sitio. Muy distinto.
Y ya no estaba él, sino ella.
Me encontraba en Bucarest aunque esa plaza realmente pertenecía a Budapest (así que supongo que me hice un lío mental). Iba con otra amiga, dejamos las maletas en nuestro alojamiento y salimos para visitar. Pero nos encontramos a un grupo de conocidos. Y dentro de este grupo estaba ella. Entonces, me pasó como antes. El corazón me empezó a ir demasiado rápido, yo no sabía que hacer, solo deseaba no moverme de ese sitio para permanecer lo más cerca posible de esa persona.
Y ella fue la que vino hacia mí. Me saludó con timidez y les dijo a los demás que fuéramos todos juntos. Y supe, por tu mirada, por tu lenguaje facial, que lo dijiste para que estuviésemos juntas. Y yo, sonreí. Y pensé, para mis adentros, que me daba igual lo que estaban preguntando los demás. O lo que estaba sucediendo en el exterior. Yo solo podía seguir manteniendo una conversación mental contigo.
Y la última pregunta que recuerdo de tí fue: "¿Hacia dónde queda más cerca el mar?"
Aunque ahora que pienso.
No.
No la dijiste tú.
Realmente tú,
vosotros,
todos vosotros,
no hicisteis nada de lo que he escrito.
Todo fue un sueño.
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