7 de la tarde
Meto los restos de ginebra, de hace casi dos meses, dentro del bolso usado como maleta. Salgo. Giro. Paso. Llego.
Me siento en el banco, me lío un cigarro y espero.
Ya llega. Viene. Nos vamos.
Son las 6:30 pm, aproximadamente. Vamos al césped y nos sentamos en una roca (suelo, por si no lo habéis entendido). Abro la "maleta", saco mis pertenencias, es decir, el alcohol y nos lo servimos en vasos de plástico del Mercadona, comprados para una fiesta de ese mismo verano. Abrimos las latas de Coca-Cola, composición exacta para cuatro cubatas. Tragamos.
Viene alguien. Nos pide tabaco. Se queda.
Nos terminamos los cuatro vasos. Hacemos chupitos los tres.
Bailamos. Cantamos. Se ve borroso. Vamos al baño. Ella me pasa el papel, cuesta cogerlo, incluso verlo. Me limpio. Salgo.
Sensación de no saber bien bien qué haces. Sensación de no saber o no importarte quien haya ahí, a tu alrededor. Sensación de sentir el doble todo lo que pasa. Ponemos música. Y la podemos sentir. Caminamos.
McDonald's, padres de amigas, una conocida, personas que se han dado cuenta de nuestro estado, cigarros mal liados en la bandeja de comida, cigarros que se deshacen al meterlos en la boca, cerveza fría bebida sin casi respirar, patatas terminadas antes de empezar a hablar, hamburguesa reservada para el final...
¿Tanto se nos nota? La mesa de detrás nos va mirando. Los ojos de una joven no paran de mirarme con cara de, ¿eres gilipollas? Bah, no sé si realmente miraba así pero ella sabía algo. ¿Qué hacíamos para que lo supieran? Supongo que era sencillo. Hablar alto, cantar, enviar audios sin sentido, el hipo que no se me iba ni aguantando la respiración, riéndonos liando los cigarros temblando y con Parkinson...
Tú. Quien me acompañaste en esa tarde de otoño. Tú. Quien compartió tantas risas conmigo. Tú. Quien se apuntó a mi locura y la aceptó sin preguntar. Tú. Que estabas depre, como yo, y querías quitarte las penas con alcohol. Tú. Que te sentías mal, como yo, y quería desaparecer de la vida por un instante. Tú. Que creaste un hogar en la mesa de la terraza del McDonald's sin querer. Tú. Que me hacías olvidar que estaba viviendo y que solo estaba disfrutando. Tú. Que me invitaste a vivir más. Tú.
Termino aquí. No sé porqué me ha salido escribir esto. No debería dar explicaciones de esta historia, por eso lo dejo en el aire. Para mí se queda en el recuerdo de un 17 de diciembre de 2016. Gracias por esa tarde. Solo puedo decirte eso.
Comentarios
Publicar un comentario