Tan poco

Me sonríe. Sonrío.

Digo "Buenos días". Lo recibo de vuelta. O no. 

Pasa una familia, y otra, o a veces no. Puede que sean solo un par de parejas o algunos con una pizca de amistad. Dudo de la situación familiar de cada persona que pasa por delante. Aún así, en mi mente todos tienen un papel. Todos tienen una historia, y aunque no os lo creáis, esa historia es real. O al menos para mí lo es. Y con eso me basta.

Cada vez que pasa alguien por delante de mi cinta (iba a decirlo de forma menos cutre pero no he encontrado las palabras adecuadas) siento que puedo imaginarme toda su vida. Miro que es lo que voy pasando, lo que le voy dando, y en mi mente solo pienso en cómo debe vivir esa persona. No os mentiré. Muchas veces siento envidia. O tristeza. O nostalgia. Muchas veces no sé exactamente lo que estoy sintiendo. Pero esas situaciones se dan a cabo cuando pasa una madre con sus hijos. Los ves ahí, enfadados, discutiendo, ignorándose a ratos...Y yo me paro a pensar. ¿Por qué? 

Para entender esto, aunque no hace falta, necesito añadir algunas líneas de más.

Cuando yo nací, un 31 de marzo de 1998 (aunque en verdad me tuvieron que obligar a salir), no lloraba. Todos se asustaron. La enfermera me dio un golpe en el culo (dudo de la intensidad de su golpe) y lloré. Pero en ese momento no sabían que hubiese sido mejor no dar esa palmada. Porque desde ese día, seguí llorando siempre. Me explico. Mi madre me quiso desde antes de que yo naciera (o eso me ha repetido constantemente) y cada día de su vida (hasta hace 3 años) ha cuidado de mí como si fuera lo mejor que le ha pasado en la vida. La primera palabra que dije fue "teta", siempre andaba enganchada a mi madre. Cuando me apartaban de ella, lloraba. Cuando no la veía, lloraba. Era una niña repelente, excepto para mi madre. Para ella yo fui especial. Y eso es lo que me gusta de mí. No quería que me cogiera cualquier persona en esos tiempos. Solo quería que lo hiciese la persona que me había dado la vida y la que hasta hace poco me ha dado una educación y unos valores que los utilizaré cada vez que pueda.

Pero no todo era tan bonito como parecía. Aunque para mí sí. Yo trataba muy mal a mi madre. Digamos que yo tenía como una doble identidad. Tenía mi parte dulce y cariñosa (de arrepentida a veces) y mi parte de diablo, cruel y desquiciada. Añadiendo que era la más mandona que podría haber existido en este planeta Tierra. Dicho esto, mi madre hacía todo lo que yo le pedía, y más. Pero a veces yo le gritaba. Ahora mismo dudo del porqué de mis chillidos. Y me arrepiento de mi comportamiento muchas veces. Ojalá nunca le hubiese levantado la voz. Y por un simple motivo, ella era mi vida, y debía cuidarla. Una vez pasaban los gritos yo la abrazaba. Le pedía perdón. Cada noche nos quedábamos las dos en el sofá mirando la televisión. Había exactamente dos sofás, y no muy grandes, y bastante estrechos, pero yo quería estar con ella así que nos apretujábamos las dos en uno, y nos quedábamos dormidas a menos de la mitad del programa. Cuando ella se despertaba, yo también, y entonces tocaba la rutina de siempre. Una de las dos debía levantarse del sofá a preparar un vaso de leche caliente para ir a dormir. Y muchas veces discutíamos porque nos daba demasiada pereza ir hasta la cocina. Pero a pesar de algunos momentos de discusión, en mi corazón solo quedan los instantes abrazadas. Cuando ella lloraba y yo no sabía porqué. Cuando le decía "T'estimo més que a la meva pròpia vida." O como cuando íbamos ya a dormir, yo le pedía que se estirara conmigo un rato en la cama, ahí nos quedábamos juntas y yo le decía mil y una cosas bonitas. Tengo la "mala" costumbre de volverme sentimental por las noches y explotar. Dejar ir todo lo que siento. Y al irse yo le decía "T'estimo massa" porque era verdad. La quería demasiado. Más de lo normal. Y eso era porque me había tocado la madre que yo siempre habría querido tener. La mejor. Sin duda. 

Entonces, ¿por qué sigo pensando esto después de todo lo que ha ocurrido?

Yo soy una persona que no puede olvidar sus sentimientos de la noche a la mañana. Si yo he querido a alguien un lunes, el domingo lo voy a seguir queriendo. A pesar de haberme hecho trizas un miércoles, o haberse ido de repente un viernes por la noche. Dicho esto, aunque ahora la odie con todas mis fuerzas y me sienta traicionada...Recordando el pasado, sigo considerando que he tenido muchísima suerte al tenerla. No podría haber pedido más. 

Como podeis ver, me encanta recordar momentos con mi madre. Puede que duelan pero me gusta.

Aún así, me he desviado bastante del tema así que voy a retomar lo del principio. No quiero irme por las ramas una vez más.

Cuando veo a familias tratándose mal pienso en lo tanto que me gustaría volver al pasado y no quejarme cuando iba a hacer la compra con mi madre. Me sabe mal todas las veces que le decía que fuera ella sola a comprar o que no la ayudaba. Con lo bonito que es ir a un supermercado toda la familia. Con lo bonito que es hacer las cosas juntos. Y yo, yo eso no lo veía. Y creo que casi nadie lo ve. Todos estamos ciegos a las cosas cotidianas. Pero yo, ahora que he cambiado tanto, que mi vida ha hecho un giro radical y que ya no sé por donde tomar las riendas, he visto la realidad. Y me doy cuenta de todas las cosas que me gustaría cambiar o rectificar. Es obvio que hacia atrás no podemos ir, solo podemos tirar hacia delante, así que no me queda más remedio que aceptar y esperar.

Al caso, estar detrás de una caja me ha hecho darme cuenta de lo grande que es el mundo, de la cantidad de historias que hay detrás de cada persona, y que con un par de gestos y un par de productos puedes saber como es ese alguien. Y es lo que os decía al principio, muchas veces puedo sentir envidia porque me gustaría estar en su lugar. Pero en el fondo no lo sé, no sé si detrás de todo lo que me está enseñando sin querer, se encuentra una tragedia. Porqué quien diría, al verme, que mi madre se encuentra a unos 1200 quilómetros, aproximadamente, de mí.  Aunque claro está, que tampoco se lo iban a cuestionar. 

No sé si he llegado a plasmar lo que encontraba hoy en mi cabeza. Justamente me vienen historias a la mente cuando no puedo escribirlas. Hoy, por ejemplo, me encontraba estirada en la arena de la playa, saboreando el olor a mar y a verano, cuando iba pensando en mi vida y mentalmente estaba escribiendo algo realmente interesante. Pero después, una vez en casa, intento recordar todo eso que escribí en mi mundo, y no lo encuentro por ningún sitio. Se desvanece. Entonces, creo que debo llevar una libreta encima porque nunca se sabe cuando me va a venir eso a lo que yo le llamo: Idea original para ser redactada.

Termino aquí.

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