Tú
Hacía demasiado tiempo que no escribía por aquí y, bueno, ahora mismo estoy sentada en una silla, en la habitación donde se sitúa el ordenador, y me he puesto a pensar en muchas cosas. En tantas cosas me he puesto a pensar que solo me venías tú a la cabeza. Y me ha venido a la mente, aunque pocas cosas buenas me vienen, regalarte unas palabras. Y ahí voy. A pesar de no saber ni como empezar.
Me llamo Laura. Sí, sé que ya lo sabes. Y no, no creo que te acuerdes exactamente de mí.
Me conociste en octubre del año pasado, un día de cena de cumpleaños. Fuimos de los primeros en llegar. Yo iba con una amiga y tu con otra, que coincidía en qué ella también era amiga mía. No sé ni si nos saludamos con dos besos o solo fue un: ¡hola! No me acuerdo.
Nos quedamos ahí hasta que llegaron los otros y nos sentamos en la mesa del restaurante, ahí en la terraza. Fumamos. Y me pediste el mechero. Lo saqué de mi bolsillo, era blanco, sin nada más, así de simple. Y algo tan y tan simple te sorprendió de una forma maravillosa. Quedaste flipado con mi mechero y desde ese momento siempre me lo pediste a mí. Yo me quedé flipada, pero no con el mechero, sino contigo. No podía parar de mirarte. No podía parar de pensar en qué tenía unas ganas enormes de ponerme a hablar contigo y conocerte profundamente. No pensemos mal, por favor.
Acabó la cena y tocaba fiesta. Eran las fiestas de la ciudad. Pero antes íbamos a beber alcohol en casa del cumpleañero. Mi amiga y yo casi no conocíamos a nadie de ahí y lo único que queríamos era ir a las barracas así que nos fuimos. Te dejé ahí, en ese piso, aunque me moría de ganas de continuar sintiéndote cerca.
Salimos del piso y no sé si esa misma noche volví a encontrarte pero la fiesta duraba otro finde. Y en el otro finde, te vi cada noche. Estoy segura.
La primera noche que te vi después de esa cena, fue la noche del jueves. Yo ese día no tenía programado salir pero fui a la biblioteca con un amigo y luego decidimos pasarnos por la feria. Y ahí te vi, con la amiga que tenemos en común y con otros. Nos encontramos en la cola del XXL aunque yo no subí. Luego nos subimos todos a los toros. Yo quería cogerme de tí, y lo hice. Te tiraba de broma. Tú no te atrevías a hacerlo, creo, porque a penas habíamos tenido una conversación. Pero me interesabas. No preguntes porqué, ni yo misma lo supe en ese momento. O sí. Todo era bastante raro. Luego fuimos a la olla, tú no te subiste. De golpe te habías ido. Me sentí triste. En serio. Sentí que me estaba subiendo a una atracción sin motivo. Porque desde que te vi, todo lo que quería era que fueras mi motivo de hacer las cosas. Aunque suene exagerado. Aunque suene cursi. Aunque suene de todo.
Más tarde te volví a ver. Nos fumamos todos un peta aunque yo solo probé una calada. O dos. Mi amigo y yo nos fuimos temprano.
El día siguiente, y el sábado, yo iba con unas amigas y volvía a encontrarte. Sin parar. Juro que no te buscaba. Bueno, puede que si que esperara verte pero no te andaba siguiendo o pensando en donde estarías para ir hacia allí. Era pura casualidad. Y nos saludábamos pero solo nos decíamos: "Ua, siempre nos encontramos. ¿Qué tal? ¿A qué hora te vas?" O cosas así. Así de tontas.
Una de las noches me pediste el número de móvil porque yo le había dicho a la amiga que tenemos en común que me parecías muy mono. El día siguiente me abriste. Y desde ahí empezamos a hablar sin parar. La noche siguiente nos hablamos por mensaje y quedamos cerca del XXL, te dije que vinieras. Se ve que ibas morado pero yo no lo había percibido. El domingo fue la noche de los fuegos, y ¿lo adivinas? Nos volvimos a encontrar. Por casualidad. En medio de la multitud por las calles de ferias.
Decidimos seguir hablando por Whatsapp, no por obligación. Nos salió solo.
Uno de los días en qué estábamos hablando yo estaba en la biblioteca Salvador Allende. Ahí, sentada en una mesa, pensando en estudiar pero solo pendiente de mirar si me habías hablado. Y sí, lo habías hecho. No parábamos de hablar de todo, de preguntarnos cosas. Me encantaba hablar contigo.
Quedamos en vernos y hablar en persona. Ahora mismo no recuerdo cual fue nuestra primera quedada. Dudo en si fue en la biblioteca que también vino al principio nuestra amiga o bien fue delante del Hipercor, los dos solos. Aún así, esas dos noches en que nos quedamos a solas, solo hablamos. Nos mirábamos, sonreíamos, nos abrazábamos, pero nadie daba el paso de darnos un beso. Te juro que me ponías muy nerviosa y eso, eso tan especial, no me suele pasar con nadie. Con ningún otro chico tenía tanto miedo de darle un beso porque tenía miedo de cagarla. ¿Y si no te gustaba yo? Tenía mis inseguridades. No sabes el miedo que tenía de perderte.
Tenías que irte a Alemania. Tenías un voluntariado ahí. Tuve que decirte un adiós por un mes. La noche antes de que te fueras, nos dimos nuestro primer beso en los labios. Solo fue un pico. O unos cuantos. Pero no fue un beso largo. No me importaba. Sabía que lo nuestro era de verdad y sabía que quería tenerte plenamente en mi vida. Entonces supe que te quería. Pero no te quería tanto como para decírtelo, o tanto como para darlo todo por tí, pero el cariño iba creciendo. Nunca te vi como un amigo. Nunca te vi como alguien cualquiera. Siempre te vi como un chico especial que quería tener en mi vida. Y que no fuera de unos días. Quería que fueras para todo el tiempo que pudiese ser posible.
Que te fueras a Alemania trajo muchas cosas buenas. Te echaba de menos. Quería abrazarte y todo eso pero no parábamos de hablar. Nos llamábamos cada noche, nos quedábamos hasta las tantas hablando. Me encantaba. Mientras nos decíamos cosas por voz, íbamos hablando con emoticonos por Whatsapp o nos enviábamos letras para poder formar finalmente una frase. Supongo que debes acordarte de esto. O eso espero.
También te contaba cuentos, normalmente relacionados con nosotros, y una vez te quedaste dormido. No sabes lo bonito que fue saber que mis palabras te habían hecho efecto. Dudé en si ponerme triste porque tenía que colgarte y no pudiste despedirte de mí, o ser feliz por haber presenciado ese tan bonito momento.
Los días seguían. Deseaba verte de vuelta. Cada vez quedaba menos. Cada vez te necesitaba más. Tenía unas ganas enormes de tenerte entre mis brazos.
Llegó el gran día. Ese mismo día por el mediodía quedé con nuestra amiga común, la llamaré "común". Le expliqué que estaba muy nerviosa. Tenía que coger el autobús hasta el aeropuerto y ahí esperarte. No sabía como sería el reencuentro. Nos habíamos dicho tantas cosas por mensajes que no sabia si sería capaz de decirte lo mismo en persona. Común me dijo que lo que estaba haciendo era muy bonito y que se alegraba mucho por mí, y por él. En ese momento notaba que lo estaba dando todo por alguien a quien de verdad, de todo corazón, quería.
Al final yo llegué más tarde y tuviste que esperarme tú a mí. Aún así, cuando nos vimos, nos abrazamos fuertemente. No paramos de abrazarnos. Todo el rato nos dábamos la mano o nos tocábamos. No podíamos estar ni un momento separados. Fuimos a fumar, yo me mareé porque fumé del tuyo que era Raw. Fuimos a coger el tren. Durante todo el viaje nos reíamos o nos cogíamos la mano o tú me dejabas mal. Siempre has sabido como picarme. Y siempre has sabido como tratarme. Gracias, supongo, por haberme hecho tan feliz. Bueno, prosigamos. No quiero ponerme llorosa en esta parte porque justamente es la que menos motivos para llorar da.
Llegamos a Girona. Cogimos un autobús a tu casa. Seguíamos cogidos de la mano. Dudo en si en algún momento nos separamos más de unos 10 centímetros. Lo dudo demasiado.
Dejamos las maletas en tu casa, nos fuimos al McDonald's. Comimos. Fuimos a un parque. Seguimos sin besarnos. Aún no había surgido el momento, aunque ganas no faltaron. El día siguiente, un jueves, quedamos juntamente con Común y otro amigo. Ese día no fue de los mejores por ese motivo no le daré muchas vueltas.
El viernes yo fui a Barcelona con mi hermana. La acompañé porque su novia tenía unas reuniones y así ella no se quedaba sola. Nos pasamos por Baricentro y ahí entré en una librería. Y ¿sabes qué? Yo notaba que estábamos distantes por la noche anterior. Noté como si te hubiese perdido. Juro que en ese momento pensaba que me ibas a dejar (era, y soy, muy paranoica). Así que te compré un baso de Pulp Fiction para arreglar las cosas. Por la noche llegué a tu casa. Me quedaba a dormir porque tus padres no estaban en todo el fin de semana, volvían el domingo de Canarias o algo así. No me acuerdo muy bien. Estábamos ahí juntos, no sé si tu ya habías preparado la pizza, creo que sí, y la pusimos en la mesa del comedor, y yo te di el regalo. Te encantó. Me abrazaste y me dijiste que te había flipado mucho el detalle. Nos pusimos a ver Stranger Things. Estábamos ahí en el sofá. Nos miramos dos capítulos si no recuerdo mal, dudo en si justamente nos miramos el penúltimo y el último. Luego fumamos y nos pusimos a mirar videos de youtube, en plan videoclips. Y mientras sonaba alguna canción, sin recordar ahora mismo cual era, nos besamos de verdad. Un beso largo. De los que apasionan. Y en ese momento, juro, y vuelvo a jurar, que me enamoraste. Hiciste llegar algo a mi corazón. Y sé, estoy segura, de que era amor. Eso era amor del de verdad. Y es algo que siempre echaré de menos.
Fue el mejor beso de mi vida. Y desde ese momento no paramos de besarnos hasta que te fuiste otra vez. Nos besábamos todo el día. Cuando volvías del baño, cuando ibas a buscar algo, cuando me hacías reir, cuando me picabas, cuando te echaba o me echabas de menos aún seguir juntos, cuando me iba de tu casa, cuando nos volvíamos a ver, antes de dormir, cuando nos levantábamos, durante la noche...No hubiese dejado nunca de besarte. Y a veces pienso que ojalá nos hubiéramos besado antes de haberte ido a Alemania porque podría haber saboreado mucho más tus labios. Pero no. No pude. No pude seguir disfrutando de tus besos. Pero aún no quiero hablar de esto. Primero sigamos con la historia. (Antes he dicho que no era momento de ponerse a llorar, he de decir que es cierto pero no puedo evitarlo. Unas cuantas lágrimas me están cayendo ahora mismo. Es irremediable. Fue un amor. Y un amor no se puede olvidar).
El día siguiente nos levantamos. No me acuerdo muy bien de qué hicimos. Creo que nos levantamos al mediodía, preparamos arroz con queso y tomate, te gustó. Nos vimos "El niño con el pijam de rayas" (bueno, pusimos la peli para que hiciera de fondo) y nos besamos todo el rato hasta que tenías que quedar con un amigo tuyo y cuando él llegó, yo me fui. Esa tarde había quedado con un amigo. Me fui con él y tal y en un rato de la tarde/noche me llamaste. Me dijiste que fuera a tu casa a dormir que había Común y otros. Yo acepté. Al principio no quería porque tu estabas con tus amigos y no quería interferir, pero noté que el tiempo se me acababa y tenía que aprovecharlo. Cené en casa mis abuelos y fui andando a tu casa. Llegué. Nos saludamos con un beso, obvio, y nos quedamos abrazados en el sofá. Más tarde fuimos a dormir. Me acuerdo perfectamente que estábamos estirados, mirándonos uno al otro, cerramos los ojos, nos quedamos con las caras pegadas en plan, casi los labios tocándose, y nos dormimos así. Lo sé porque en un momento me desperté y seguíamos en esa posición. Era adorable. Sonreí y creo que te abracé y seguí durmiendo. No quería deshacerme de tí. No quería que el tiempo pasara, porque si no parábamos el tiempo, yo te iba a perder. Y perderte era lo único que no quería en mi vida.
Nos despertamos. Era domingo. No sé a qué hora me fui de tu casa o qué hicimos. Sé que nos vimos cada día pero ahora no lo recuerdo. Sé que el día antes de que te fueras a Colombia me quedé en tu casa. También estaba Común y el amigo. Al final ellos se fueron y tú y yo nos quedamos en tu cama abrazados y dándonos besos. Fue muy bonito. Todo, en general, fue maravilloso.
Odio no acordarme de todos los momentos vividos contigo. Odio no recordar qué hicimos exactamente esas dos semanas en que estuvimos juntos, antes de Alemania y antes de Colombia. Aunque en parte es mejor no recordarlo todo, no quiero hacerme sufrir más.
Y esa madrugada, a las 6 creo, me fui de tu casa hacia la mía. Y lo hice por tí. Casi no dormí, pasé frío...pero solo para poder estar los últimos minutos contigo. No quería perder el tiempo, y no perderlo era estando contigo.
Te fuiste. Seguimos hablando pero todo cambió. Ya no nos llamábamos cada noche. Primero por el cambio de horario y segundo porque no tenías tiempo para mí. Dejaste de responderme. Tardabas casi un día entero en decirme algo. Yo me enfadé. Me disgusté muchísimo. Yo seguía siendo la misma de siempre. Tú no. Tú habías hecho un cambio radical. Te eché de menos. Una noche había quedado con Común, nos quedamos delante de la piscina municipal hablando. Le dije todo lo que sentía por tí y lo mal que me sentía por sentir que te estaba perdiendo. Después tu y yo hablamos por teléfono. Notaba que ya no eras tú. Notaba que ya no estabas tan pendiente de mí. No me hacías tanto caso como antes y eso me dolía. No podía continuar sintiendo que tú ya no me querías tanto o que preferías otras cosas antes que a mí. A eso hay que sumarle las fotos que colgabas al Instagram diciéndole a otra chica o amiga que la querías o cosas bonitas. Yo no soy celosa pero veía eso, veía que a otra persona le decías más cosas que a mí y me dolía. No estaba enfadada, estaba demasiado triste.
Yo sabía que solo estarías un mes ahí y volverías. Luego podríamos ser felices. Luego podríamos tener una relación. Lo tenía claro. Cuando volvieses te pediría para salir. No tenía claro en que forma hacerlo. Si con mecheros blancos o con algo a lo grande. Pero sabía perfectamente que quería vivir un largo tiempo a tu lado. Yo por tí, y tú para mí.
No pudo ser.
No.
No pudo ser.
Todo terminó.
Todo acabó.
Todo por mi culpa.
Yo soy la culpable de todo.
Yo decidí perderte.
No me lo podré perdonar jamás.
Laura, eres una puta.
Laura, eres imbécil.
Ya paro, y prosigo. Tenía que desahogarme. Perdonad. Volviendo al caso, yo un día, no sé cual, un día de enero, ya faltaba poco para que volvieras, tenía que ir al gimnasio. Bueno, no era una obligación pero iba a ir a bailar. Me dijiste que me tenías que contar algo pero que mejor por teléfono y en otro momento o algo así. Yo te obligué a decírmelo en ese momento. Yo estaba en un banco fumando. El banco de la parada de autobús que está al lado del gimnasio. Yo estaba bien, tranquila. Hasta que me lo contaste. Primero pensé que era una broma. O lo deseé. Me dijiste que te quedabas hasta verano en Miami, estudiando. Que ahí te podrías sacar el Bachillerato en unos meses. Morí. En ese momento toda mi vida murió. Tenía muchas ganas de llorar pero lo único que hice fue mandarte a la mierda. No sé que te dije exactamente, todo lo hice por impulsos. Creo que te dije que entonces habíamos acabado, que no quería hablar más y que hasta nunca. Bueno, eso último seguro que no lo dije pero en ese momento, con el cabreo que llevaba, podría haber sido capaz. Dejé el móvil en la mochila y entré en el gimnasio. Bailé, corrí, sudé y me duché. Estaba dolida. Estaba perdida. ¿Qué haría yo tantos meses sin tí? Echarte de menos.
Cuando salí del gimnasio vi un mensaje de tu amigo. Bueno, también era mi amigo, pero no teníamos tanta confianza como luego. Me preguntó si estaba bien y si quería quedar para hablar de esto. Yo le dije que si porque no tenía fuerzas para quedarme en casa. Estaba demasiado triste. Fui con él. Me ayudó. Fuimos a tomar una cerveza, hablamos de tí pero también de otros temas, me sentí mejor. El dolor en el pecho seguía, pero me hice la fuerte. Cuando llegué a casa me eché a llorar. Me dormí llorando. El día siguiente tenía los ojos hinchados y las ganas de vivir a 0. Pero aún así, seguía mosqueada. Y como estaba enfadada, me dio por hacerte desaparecer de mi vida. Y así lo hice. Me aferré a Común y al amigo y te olvidé. No te olvidé del todo porque obviamente seguía recordando nuestros momentos, sabía que existías y sabía donde estabas. A pesar de eso dejamos de hablar. Puede que nos dijéramos algunas cosas de vez en cuando pero ya no era lo mismo. Si nos teníamos que considerar algo, nos hubiéramos considerado amigos. O algo raro, pero no como lo que éramos antes.
Yo ya no pensaba en tí. O no en modo amoroso o de cabreamiento. Simplemente pasaba del tema.
Llegó abril. Y no sé porqué me vino a la mente que qué pasaría si tu volvieses. Yo pensaba que pues bueno, tu ya no querrías nada conmigo y que simplemente seríamos amigos. Común me dijo que tú solo querías ir de flor en flor y que solo querías una amistad conmigo. Yo le dije que yo pensaba lo mismo. En realidad estaba equivocada pero bueno. Entonces, sin saber como, una noche quedé con Común. Me dijo de ir al Shisha. Entramos. Y ahí estaba el amigo y estabas tú. Si, tú. Tú que tenías que volver supuestamente en julio pues de golpe estabas ahí. Chillé y te abracé fuertemente. Desde ese momento supe que todo había cambiado entre los dos. Tú estuviste distante. No me abrazaste como yo lo hice. Se notó. Lo noté. Sabía que todo era distinto. Y sabía que quería morir y no vivir ese momento. Quería volver al pasado. Ojalá no te hubieras ido nunca. O mejor dicho, ojalá nunca te hubiese enviado a la mierda y te hubiese seguido queriendo como te merecías. Fui una estúpida al tratarte mal.
Tú tenías que luchar por lo que querías y yo, si tanto te quería, debía respetarlo. Pero entiéndeme, te estaba echando muchísimo de menos y en ese momento tenía muchas ganas de que volvieras. Me pusiste el caramelo en la boca y luego me lo quitaste. Me dolió. Y mi primera reacción fue de niñata.
Perdóname. Lo siento. Siento de verdad todo lo que hice. Sé que ya no cambiaré nada. Sé que todo continuará igual que ahora. Sé que todo seguirá siendo una mierda pero, tenía que decirte todo esto. Debía desahogarme. Debía ser sincera.
Te escribiría esto y mucho más pero, aquí lo dejo. Me ha pasado por la mente escribirte una carta por escrito o algo así. Creo que no debo hacerlo. Bueno, no es que lo crea, es que estoy segura. Tengo que dejar pasar el tiempo. Si quiero luchar por tí, ya sé por donde tengo que empezar. Y es conmigo misma. Luego ya iré a la parte de las cartas o las cosillas esas.
Adiós ______,
ha sido un regalo haberte conocido y has sido lo mejor que me ha pasado en mi 2016. Nunca te olvidaré. O mejor dicho, nunca olvidaré las "dos semanas" que vivimos. Siempre tendré guardadas nuestras conversaciones y fotos en mi Gmail para cuando quiera recordarme qué nos decíamos o para cuando quiera hacer sufrir.
Te he echado muchísimo de menos y lo sigo haciendo. Aunque no lo sepas y aunque no te lo imagines.
Siento ser como soy.
Te quiero, a pesar de todo. A pesar de mí.
Comentarios
Publicar un comentario