Dios solar
Hoy me he pasado el día entero estirada encima de una toalla llena de banderas del mundo de hace muchísimos años. Me he pasado el día entero revolcándome en la arena de mi playa favorita (entre las que he visitado) y luchando contra olas enormes, cosa que me encanta y parezco una niña pequeña con eso. O es que en el fondo, muy en el fondo (que no se dude), lo soy.
Y es que el Sol, y lo pongo en mayúscula porque para mí es verdaderamente importante, pues me ha estado tocando a lo largo de todas esas efímeras horas. Y es que el Sol va a morir. Y si se muere, morimos. Y con eso quiero decir que lo que te puede dar vida, te la puede quitar también. Y no por eso es malo, no por eso es horrible, no por eso lo tenemos que odiar.
Sabemos que en un momento u otro la vida de todos los humanos y no humanos se extinguirá porqué el Sol desaparecerá, mejor dicho, se apagará. ¿Le tenéis manía al Sol por eso? Supongo que no. Y mira que tiene cosas horribles, como cáncer de piel, entre otros muchos problemas. A pesar de todo eso, de todo lo malo que pueda aportar, lo necesitamos más que todo (exceptuando el agua y el amor, sí, tenía que añadir aquí al amor, lo siento).
Quiero al Sol, igual que quiero a todo lo que me mata y me da vida, a la vez. No debería ser así, supongo. Pero lo es.
He pasado un día maravilloso. Porque cuando todo ya terminaba, me iba a mi humilde morada e iba a sentarme en el sofá, a mirar un programa de amor absurdo (que para mí no lo es, pero mejor no lo digo muy alto porque se me juzgará de mala pécora) y a comerme un pan de molde, porque a penas queda nada dentro de la nevera, con un café (no descafeinado), que si, seguramente me haría no poder dormir, pero me apetecía. Pues antes de todo eso, de golpe, me encuentro a ella. Y nos quedamos en una esquina, ahí, debajo de unos balcones que echaban gotas de agua, gotarrones mejor dicho. Hablando durante casi dos horas. Ahí, de pie. Riéndonos. Y es que ayer decidimos salir por la noche, sentarnos en una puta madera de un césped y beber ginebra de un brick de zumo de naranja. No nos subió, nos quedamos igual, pero hoy estábamos demasiado diferentes. Hemos deducido, a través de varias teorías excesivamente surrealistas, que el alcohol ha hecho efecto muy retrasadamente. Qué se le va a hacer.
Y por eso, por todo un cúmulo de muchas cosas, ha sido un día inolvidable.
Y, por cierto, lo más importante, estoy un poco más marrón. Y es que adoro la piel de tonos oscuros, me transmite fuerza, vitalidad, intensidad...Y es lo que quiero ser. Una persona fuerte, valiente. No discrimino las pieles blancas, pero si me la puedo cambiar (está dentro del alcance), mejor.
Al releer el escrito me he dado cuenta de que es bastante mierda.
Me río por dentro.
Me sale mejor escribir tristezas.
Fin.
Y es que el Sol, y lo pongo en mayúscula porque para mí es verdaderamente importante, pues me ha estado tocando a lo largo de todas esas efímeras horas. Y es que el Sol va a morir. Y si se muere, morimos. Y con eso quiero decir que lo que te puede dar vida, te la puede quitar también. Y no por eso es malo, no por eso es horrible, no por eso lo tenemos que odiar.
Sabemos que en un momento u otro la vida de todos los humanos y no humanos se extinguirá porqué el Sol desaparecerá, mejor dicho, se apagará. ¿Le tenéis manía al Sol por eso? Supongo que no. Y mira que tiene cosas horribles, como cáncer de piel, entre otros muchos problemas. A pesar de todo eso, de todo lo malo que pueda aportar, lo necesitamos más que todo (exceptuando el agua y el amor, sí, tenía que añadir aquí al amor, lo siento).
Quiero al Sol, igual que quiero a todo lo que me mata y me da vida, a la vez. No debería ser así, supongo. Pero lo es.
He pasado un día maravilloso. Porque cuando todo ya terminaba, me iba a mi humilde morada e iba a sentarme en el sofá, a mirar un programa de amor absurdo (que para mí no lo es, pero mejor no lo digo muy alto porque se me juzgará de mala pécora) y a comerme un pan de molde, porque a penas queda nada dentro de la nevera, con un café (no descafeinado), que si, seguramente me haría no poder dormir, pero me apetecía. Pues antes de todo eso, de golpe, me encuentro a ella. Y nos quedamos en una esquina, ahí, debajo de unos balcones que echaban gotas de agua, gotarrones mejor dicho. Hablando durante casi dos horas. Ahí, de pie. Riéndonos. Y es que ayer decidimos salir por la noche, sentarnos en una puta madera de un césped y beber ginebra de un brick de zumo de naranja. No nos subió, nos quedamos igual, pero hoy estábamos demasiado diferentes. Hemos deducido, a través de varias teorías excesivamente surrealistas, que el alcohol ha hecho efecto muy retrasadamente. Qué se le va a hacer.
Y por eso, por todo un cúmulo de muchas cosas, ha sido un día inolvidable.
Y, por cierto, lo más importante, estoy un poco más marrón. Y es que adoro la piel de tonos oscuros, me transmite fuerza, vitalidad, intensidad...Y es lo que quiero ser. Una persona fuerte, valiente. No discrimino las pieles blancas, pero si me la puedo cambiar (está dentro del alcance), mejor.
Al releer el escrito me he dado cuenta de que es bastante mierda.
Me río por dentro.
Me sale mejor escribir tristezas.
Fin.
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