Intentando respirar

En realidad, expresar lo que siento ahora mismo sería tan fácil como decir que simplemente, la quiero tanto, que la echaré de menos cada día de mi vida, aunque la tenga, o aunque no.

Pero si solo dijera eso, este escrito se quedaría en dos oraciones sin mucho fundamento. Así que proseguiré. Por todo.

Sentí que necesitaba algo en mi vida, o puede ser que solo fuese a ella, así que cogí un vuelo hasta donde se encontraba la persona que más feliz me puede hacer. Volé unos mil dos cientos kilómetros. Y de golpe, ahí estaba. Viéndola sonreír, y viéndome sonreír a mí.

No había segundo en que no la abrazase. Le recogía el pelo, le acariciaba la piel y le decía los "T'estimo massa" que tanto me faltaron por decir en estos tres años de ir y venir.

¿Sabéis esa sensación de estar con una persona con quien puedes ir a cualquier sitio, hablar de cualquier cosa e incluso no hacer nada, que sientes que no prefieres nada más, que lo tienes todo?

Mi madre es capaz de hacerme sentir que no necesito a nadie más. Que me conformaría con vivir toda la vida a su lado, ella y yo solas en el mundo, y ya está. Sería feliz. Muy feliz. Y es que necesito contárselo todo a ella, porque sé que me escucha, me entiende. Me gusta ver su cara de preocupación cuando le cuento algo horrible, o su cara de alegría cuando le leo un meme de esos sacados de internet. Adoro sus lágrimas, aunque sea algo triste, cuando me ve marchar o cuando sabe que el adiós está cerca. No es que me guste verla llorar, pero es un acto que demuestra que realmente te importa esa persona. No digo que quien no llora no siente, pero si lloras, y lloras de verdad, es porque algo dentro de tí, se destroza por alguien, o por algo.

Solo han sido seis días. Demasiado cortos.

Y ¿sabéis que es lo peor de vivir seis días con la persona que más quieres? Que llega el día de irse. Y luego se te queda un vacío enorme.

Depresión postvacacional.

Y así me encuentro yo. Sentada en el suelo, delante del portátil, echando palabras para sentirme mejor. Y ya se me pasará. Y entonces solo recordaré lo bueno, esos maravillosos momentos. Y olvidaré esta sensación de despido, que es lo que duele. Estar lejos de quien quieres tener cerca.

Es cierto que lo dejaría todo por ella.

Pero hay otras personas a quien haría daño si lo dejase todo. Y yo no quiero hacer daño, no quiero abandonar, y no quiero irme de quien nunca se ha ido de mi lado. Entonces, lo dejo todo a manos del tiempo. Que me ponga en un lugar, aunque, él, ya sabe donde deseo estar.





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